Matamoros y peregrino: la figura de Santiago que ha recorrido ocho siglos de historia de España
Photo: Basilio, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons
Pocas figuras de la cristiandad han experimentado una transformación tan profunda como la del apóstol Santiago. Del pescador de Galilea que según la tradición predicó en Hispania, se pasó al caballero montado sobre corcel blanco que se abría paso entre ejércitos enemigos. Comprender esta evolución es comprender también buena parte de la historia de España, y da al peregrino que llega a la catedral compostelana una dimensión adicional a su llegada.
El origen: la tradición apostólica
La tradición sitúa en Hispania la predicación de Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, hacia el año 40 de nuestra era. Tras su martirio en Jerusalén, sus restos habrían sido trasladados en barca hasta las costas gallegas, donde fueron descubiertos en el siglo IX por el obispo Teodomiro de Iria Flavia. El hallazgo del sepulcro, en el lugar que hoy ocupa Santiago de Compostela, dio origen a uno de los grandes centros de peregrinación de la cristiandad medieval, junto a Roma y Jerusalén.
La transformación en caballero
El cambio decisivo se produjo en el contexto de la Península medieval. La crónica relata la aparición del apóstol en la legendaria batalla de Clavijo, combatiendo a favor de las huestes cristianas contra los ejércitos musulmanes. Aunque los historiadores sitúan la batalla real en el II Congreso de Córdoba y consideran Clavijo una construcción posterior, lo cierto es que la imagen del Santiago caballero prendió con fuerza.
Así nació el sobrenombre de Matamoros, que convirtió al apóstol en estandarte militar de los reinos cristianos del norte peninsular. La orden militar que llevaba su nombre, fundada en el siglo XII, extendió su devoción por media Castilla, y su cruz roja en forma de espada quedó grabada en escudos, iglesias y caminos.
Un símbolo en disputa
La figura de Santiago ha servido a lo largo de los siglos para propósitos muy distintos. Fue invocada en la empresa americana, en las contiendas civiles del siglo XIX y en los discursos políticos del siglo XX, llegando a ser declarado patrón de España en varias ocasiones, con la consiguiente disputa con otros santos como Teresa de Jesús. Esta plasticidad simbólica explica tanto su pervivencia como las polémicas que ha suscitado.
En la actualidad, la interpretación mayoritaria entre historiadores y teólogos tiende a despojar al apóstol de su vertiente guerrera y a reivindicar su dimensión original: la del testigo de la fe y destinatario de una de las rutas de peregrinación más antiguas del mundo.
Dónde descubrir al Apóstol en el Camino
El peregrino que camina con la mirada atenta encontrará representaciones de Santiago en prácticamente todas las rutas jacobeas. En el Camino Francés destacan el pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago, donde el apóstol aparece como maestro y anfitrión, y las esculturas románicas de Frómista, Carrión de los Condes y León. En la catedral compostelana, la capilla mayor conserva una imagen sedente del apóstol que los peregrinos tradicionales abrazan al llegar.
El Camino Portugués ofrece representaciones notables en Pontevedra y Padrón, localidad vinculada a la tradición de la llegada de los restos del apóstol en barca de piedra. En el Camino del Norte, iglesias como las de Bilbao o Gijón guardan imágenes del santo patrón, y el Camino Primitivo presenta esculturas en el tramo asturiano que recuerdan el papel de Alfonso II en el culto jacobeo.
El sentido para el peregrino de hoy
Al final, la figura de Santiago que encuentra el peregrino moderno es la de un símbolo en permanente reinterpretación. El caballero de las batallas convive con el pescador de Galilea y con el anfitrión que recibe a los caminantes en la catedral. Conocer esta historia no es un mero ejercicio erudito: permite llegar a Compostela con una comprensión más profunda del lugar al que se llega y del motivo por el que millones de personas han caminado durante más de mil años hacia el sepulcro del apóstol.